La falacia multicultural venezolana-The Venezuelan multicultural fallacy

Photo by Adrianna Van Groningen on Unsplash

The piece below was originally written in Spanish, Julio Suaréz’s native tongue. There’s an English text below, translated and edited by Julio and Plugged. 

Hace casi unos cuatro años estaba sentado en una clase de literatura contemporánea de los Estados Unidos y mi profesor, Reygar Bernal, nos hablaba sobre cómo elementos de la sociedad dominada por el blanco hacen que todo lo que esté fuera de esa esfera sea visto como inferior. Antes de empezar con mi relato pretendo no ofender a nadie sino dar mi vivencia sobre el racismo hasta estos 26 años que tengo.

De muchas personas de las que escuché la fatídica frase de “Venezuela es el mejor país del mundo”, vi salir los comentarios más ofensivos hacia mí. Cuando tenía unos 5 años recuerdo que algún profesor decía que pintáramos a los muñecos con el color “carne” que obviamente era el rosado de la piel blanca.

Eso, en la mente de un niño de 5 años, te causa una gran confusión. Te preguntas: ¿entonces qué rayos soy? Recuerdo llegar a casa con la tarea y agarrar el marrón más oscuro para pintarme en el dibujo familiar y sentirme como no perteneciente.

Luego, en la adolescencia, no fueron pocas las veces en las que algunas personas se alejaban de mí por pensar que los iba a robar. Miradas que me esquivaban, respuestas ametralladas y un peso de rechazo hacia mí. Recuerdo que mis padres siempre me decían que estuviera orgulloso de quien soy y que la mayoría de los blancos “se ponen rojos como tomates cuando les da el sol”. Aún recuerdo eso y me río.

En la edad de las primeras fiestas, de las salidas, de las novias y de un cambio por un colegio “de los buenos”, me encontré con que la mayoría de mis compañeros me llamaban “Black Power”, “el Power Ranger negro”, entre otros. El acoso era constante y llegaba a la casa sumido en una asquerosa depresión. Todos me señalaban por ser nuevo y por mi color de piel.

Uno de los comentarios más hirientes fue de un chico que me dijo “tienes las manos ásperas,  como para trabajar la tierra que trabajaron tus ancestros”. Exploté. Ahí transmití mi rechazo y me di cuenta de que el paraíso venezolano del mestizaje no era sino una falacia, una gran mentira. Una tierra que decía ser multicultural pero que trataba a uno de los suyos como algo raro.

Incluso recuerdo que una ex novia me dijo cuando terminamos: “No sé cómo pude haber estado con un heladero.” En Venezuela, muchos de los heladeros en ese tiempo eran haitianos (mucho respeto para mis amigos de Haití).

Me eduqué, me empecé la universidad y me rodeé de personas increíbles. Me sentía en un ambiente lleno de ideas nuevas. El espectro del racismo parecía haber desaparecido. Aprendí sobre the Civil Rights Movement con profesores increíbles y decidí hacer mi tesis sobre el racismo en el comic, Tintín. Fue un palo. Me encantó y sentí que había cerrado un ciclo.

Sin embargo, el racismo no se había quedado en la escuela o en la calle. Los policías me trataban mal y me veían con cara de que yo me había robado algo. Me decían “párate ahí, negrito”, sabiendo que no es manera de dirigirse a un ciudadano.

No es un problema de un país, en Chile un flaite me dijo una vez “llegó la noche”, haciendo referencia al color de mi piel, en Estados Unidos, un señor me dijo “This is America, speak English you fucking spic”, en España, algunas señoras se cambiaban de asiento por ser inmigrante y negro. Recuerdo a la señora loca de Vallecas que me gritaba “NEGRO CRIMINAL” mientras se alejaba.

En fin, un millón de experiencias que podría contarles pero que me callo porque es lamentable. He conocido a personas maravillosas en todos los lugares que he estado y sé muy bien que lo que me ha pasado es el pensar de una lamentable minoría.

Sin embargo, me preocupa intensamente que hayamos que esperar a un suceso en Estados Unidos para que las cosas empiecen a ver un cambio ¿Saben cuántos años tiene este tema en debate? ¿Saben cuántos niños han vivido el mismo trauma o peor? Hago un llamado a la reflexión a aprender a transmitir valores. Algunos pueden decir que los niños solo repiten pero ese niño repitió esa idea de alguien que realmente piensa así.

En el caso de mi país, nos ofendemos cuando nos llaman “venecos” y yo me ofendo. Pero piensa en las veces en que llamaste despectivamente a alguien. La falta de valores y la poca inyección de un incentivo educativo a la sociedad hacen que vengan los dictadores y los racistas.

Detrás de ese empedernido dictador quizás, muy en el fondo, está aquel niño al que le dijeron “negro”, “pobre”…

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Almost 4 years ago, I was sitting in a Contemporary US Literature class and my professor, Reygar Bernal, was talking about how the white-dominated society makes everything that is outside its sphere something inferior. Before telling my story: my intention is not to offend anyone but to give you an insight of some racist experiences I’ve lived throughout my 26 years of age.

From many people, I heard the fateful phrase that “Venezuela is the best country in the world.” I also heard the most offensive comments against my skin color.

When I was 5-years- old, I remember some teacher said to paint our family portrait with the “flesh” color, which is the pink white skin. That, in the mind of a 5-year-old kid, brings confusion. You ask yourself: “So what the heck am I?” I remember coming back home full of homework and picking the darkest brown to paint myself and feeling that I didn’t belong there.

In my teenage years, there were many times in which people kept their distance from me because they were afraid that I would rob them. Some looked away or gave automatic replies to my queries—there was a ton of rejection towards me. I remember my parents always told me to be proud of myself and that white people “turn red when the sun hits them hard”. I still laugh when I think about that.

In the years of the first parties, of going out with friends, of girlfriends and of transferring to one of “the good” schools in my city, I found out that most of my classmates called me “Black Power” or “The Black Power Ranger”. I was constantly bullied and would come back home drenched in depression. Everyone criticized me for being the new one and the black one at school.

One of the most offensive comments I heard was from a guy who said, “Your hands are so dry, you could work in the fields where your ancestors lived.” I exploded. I understood that there was rejection and that the Venezuelan intercultural paradise was only a fallacy and a big lie. A country that promoted tolerance was treating one of theirs like this.

I also remember that an ex-girlfriend told me when we broke up, “I don’t know if I can be with a Haitian ice cream seller.” In Venezuela, many of the ice cream sellers in Venezuela were from Haiti (all my respect to my friends in Haiti).

I continued my education, went to college, and met incredible people. I was in a new place full of new and innovative ideas. The ghost of racism seemed to have disappeared. I learned about the Civil Rights Movement, the Black Arts Movement, and Rastafarianism with great professors and I decided to make a research about racism in the comic, Tintin. It was a total success! I loved it and it closed a difficult chapter in my life.

However, this racism did not stay at home or school. The policemen mistreated me and always thought I had stolen something. They would tell me, “Stop right there, black guy,” knowing that is not the way of addressing a citizen.

This discrimination happens worldwide. In Chile a flaite told me, “The night had arrived,” because of my skin color. In the States, a man told me, “This is America; speak English you fucking spic.” In Spain, some women changed their seats, because I was a black immigrant. I’ll always remember this crazy woman in Vallecas shouting, “YOU BLACK CRIMINAL,” at me when I was going to the metro.

Well, I could tell you a dozen more, but I don’t want to give it importance because it is a pity. Still, I’ve met incredible people in all the places I’ve visited and I know that this is the perspective of a reduced minority.

Nonetheless, I am quite worried that we had to wait for someone to be killed in the United States to start seeing some change. Do you know how many years we’ve been debating this issue? Do you know how many kids have experienced the same trauma or worse? 

My call is to reflect, to learn how to transmit our core values. Some might say that kids repeat what they see and hear, but the problem is that they take that offensive comment from someone who really thinks like that. 

In the case of my country, Venezuela, we criticize those who call us venecos, a stigmatized word to call Venezuelans, and I’m completely offended.

I ask you to think about the times you mistreated someone because of the color of their skin, their sexual orientation, their monthly income, their country of origin, and much more.

The lack of values and a poor level of education within our society makes for a perfect breeding place for dictators and racists. Beneath that harsh dictator lies perhaps, way deep in their soul, a kid that was once called “nigger” or “poor,” simply because of the color of their skin.

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Julio Suaréz